Gustavo de Hoyos Walther
25/03/2025 - 12:04 am
La geopolítica de las regiones
"De acuerdo con un reciente reporte de la OCDE, la economía mexicana será la más afectada por las nuevas políticas comerciales del gobierno estadounidense".
Es posible que México sea uno de los países que más sufra económicamente por el arribo de Donald Trump al poder. Nuestra industria exportadora está orientada en un gran porcentaje al mercado estadounidense. Así que, como lo dice el viejo adagio, cuando Estados Unidos estornuda, México se resfría. Sólo que en este caso el estornudo es auto-inducido.
El próximo 2 de abril, se planea que Trump imponga los famosos aranceles del 25 por ciento a México. De suceder esto, la economía mexicana podría entrar en un periodo de graves dificultades. Por algunos comentarios hechos por Trump recientemente, es posible que los aranceles que impondrá el 2 de abril a todo el mundo exceptúen a ciertos productos. Ya veremos si esto no es tan dañino económicamente para México.
Lo que es cierto es que, de acuerdo con un reciente reporte de la OCDE, la economía mexicana será la más afectada por las nuevas políticas comerciales del gobierno estadounidense. De hecho, el organismo internacional pronostica un decrecimiento económico de nuestro país de 1.3 por ciento para 2025 y de 0.6 por ciento para el 2026, haciendo de México el único país miembro de la OCDE que entrará en recesión.
Aunque el estudio es preliminar y asume un escenario en el que el gobierno de Trump mantendrá sus políticas arancelarias en los próximos meses, la preocupación por el futuro de la economía mexicana está completamente justificada.
El problema se agrava porque los fundamentos de nuestra economía no son los mejores. Para empezar, el sexenio anterior fue el de menor crecimiento económico en los últimos tiempos. Para continuar, no sólo aumentó el déficit fiscal, sino también la deuda gubernamental, lo mismo que la inflación.
Además, el momento ha cambiado y las oportunidades para que México aprovechara el llamado nearshoring parecen haber dejado de existir, debido a la nueva política de reindustrialización de la administración Trump.
Si esto es verdad habría que repensar la política industrial de México desde sus bases. Una de las cuestiones a meditar son las políticas de apoyo al desarrollo regional. Aunque hay mucha retórica en favor del respaldo a las regiones, lo cierto es que el sexenio anterior se caracterizó por su centralismo y la concentración de las decisiones en Palacio Nacional.
Si bien el Plan México contempla el impulso de las regiones a través de proyectos como el de Corredores del Bienestar y Vocaciones Regionales, lo cierto es que se necesita fundar el desarrollo de México en una noción mucho más elaborada de nuestra esencial regionalización. La realidad de las cosas es que aún no hemos pensado la geopolítica mexicana a partir de una división regional de su economía, su política y su cultura. Ante los titánicos desafíos que tenemos en frente, quizás ha llegado el tiempo de hacerlo.
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