LA NUEVA LEY DE BETO CUEVAS

29/07/2012 - 12:00 am

Es el nuevo juez de La Voz México 2. Está a punto de sacar su nuevo disco en solitario. Ya no es el novio de la bellísima Bárbara Mori. Enfrenta con entereza las críticas de los fans que consideran su música solista demasiado popera y muy alejada de los éxitos rutilantes que obtuviera con su viejo grupo, ahora disuelto, La Ley. Compone canciones con Sharon Stone y graba en el estudio que fuera de Frank Zappa. Así es el Beto Cuevas modelo 2012.

Luis Alberto Cuevas Olmedo más conocido como Beto Cuevas vive un momento dulce y creativo. Precisamente, es la creatividad la fuente original para este hombre nacido hace 44 años en Santiago de Chile, crecido en Montreal y Quebec, alimentado por las voces de varias culturas, entre ellas la venezolana (pasó parte de su infancia en Caracas) y México, el país donde La Ley, el trío formado con Mauricio Clavería (ahora en Los Concorde, con Leonardo de Lozane) y Pedro Frugone, se hizo internacionalmente conocido.

Ahora, Beto vive en Los Ángeles, donde se codea con celebridades como Sharon Stone, quien compuso a su lado el tema “Eterno”, que formará parte de su nuevo disco en solitario, del que precisamente habla en esta entrevista.

La famosa actriz de Hollywood es una insigne seguidora de su música, así como Leire Martínez, la vocalista de La Oreja de Van Gogh, con quien Beto comparte créditos.

“El día que nos juntamos con Sharon Stone, fue el mismo en que mataron a Facundo Cabral, personaje que admiro mucho; la verdad es que fue un encuentro extraño, por un lado te reúnes con alguien para hacer música y por el otro te muestras consternado por lo que acaba de pasar”, contó Cuevas.

El aspecto físico del ex cantante de La Ley tampoco ha pasado inadvertido para la televisión y hace poco hizo un pequeño papel en la telenovela Miss XV.

Tiene dos hijos, Martina y Diego, este último un muchacho de 19 años que ha decidido seguir los pasos de su famoso padre en la música, algo que a Beto tiene muy orgulloso.

El disco que se viene
El nuevo disco de Beto Cuevas se llama Transformación y refleja el estado personal del artista, luego de pasar por varias etapas de crecimiento interior.

¿Cuál es la perspectiva del disco que se viene?
Pues muy buena, estoy súper entusiasmado; después de tanto tiempo de estar elaborando, pensando, haciendo tantas canciones. La verdad es que deseaba que saliera antes, pero no estuvo listo hasta ahora. Ya hay una canción rotando en las radios desde hace tres semanas (“Quiero creer”), que ha tenido una aceptación tremenda. La perspectiva la veo muy bien, con muchas esperanzas de que la gente lo reciba con la misma energía con la que lo hice.

¿Qué es lo que va a recibir la gente?, ¿la ruta por la que se encaminó cómo podría llamarla?
Bueno, la música es subjetiva, no todo el mundo recibe las cosas de la misma manera; creo que finalmente uno interpreta y uno recibe. Si alguna de las canciones encuentra alojamiento en alguna esquina de tu corazón, eso finalmente para mí es un logro. Más allá de cualquier éxito comercial, de ventas, de lo quesea, tengo una intención idealista, que es ayudar a abrir el corazón de la gente a través del vehículo de la música. En estos tiempos en que el mundo está pasando por momentos complicados creo en los pequeños cambios que vienen desde adentro hacia fuera de las personas. La gente especula con cataclismo y fines del mundo, no creo tanto en eso, creo más bien en nosotros, en empezar a cambiar desde adentro para poder realmente empezar a generar ese cambio a nuestro alrededor. En términos musicales, Transformación es un disco completamente contrastado, ecléctico y en ese sentido puede sorprender. Se trata un álbum conceptual, integral, no de un puñado de sencillos, como es la moda ahora. Será porque vengo también de una escuela más antigua, todas las canciones son importantes y están hechas para escucharlas de principio a fin.

Lo retro está un poquito de moda, Jack White tiene un sello que se llama El vinilo no ha muerto, hay una corriente de reivindicar la música como concepto, finalmente, como idea. ¿Esta obra conceptual suena con muchas guitarras con muchos vientos, su voz suena al frente?
Sí, mi voz está al frente. En ese sentido es un disco de solista con todas las letras. Por primera vez las guitarras no están tan al frente. Le quitaría el título de rock pop, algo que siempre he tenido tanto con La Ley como con mis discos solistas. Transformación es un disco totalmente pop y me encanta, porque nunca me había atrevido a hacerlo así. Cuando escuchas la palabra pop, sobre todo cuando vienes del mundo del rock, te da miedo o escalofríos. Mi disco tiene la presencia de las guitarras debajo de los teclados en algunas mezclas, lo que le da un grosor que no tiene la música electrónica; hay baterías programadas que están complementadas con baterías tocadas, arregladas para que suenen de esa manera; tienen la consistencia de un disco de rock, pero con un sonido un poquito más electrónico. Está el baterista Kenny Aronoff tocando en este disco, que es un monstruo de baterista y además es vecino mío en Los Ángeles.

¿Usted lo produjo?
No, lo produjo un chico que tiene 29 años que se llama Jared Lee Gosselin. Lógicamente, como es un disco mío y tengo la experiencia de producir, estuve ahí en todo, sólo que dejé mi ego de lado y tomé mi lugar de artista, involucrado completamente en todos los detalles pero desde el punto de vista del artista. Además, ¡trabajé en un lugar que no podía ser más que inspirador que es la casa de Frank Zappa, ahí estuve trabajando, donde trabajaba él, donde él estaba.

¿Es un estudio ahora?
No, no, lo que pasa es que está su casa en la montaña cerca de Mulholland Drive y en la parte de abajo está su estudio.

¿Cómo lo dejaron entrar allí?
Jared tiene un acuerdo con Gail, la esposa de Frank Zappa, quien era un poquito como Tupac Shakur, estaba metido todo el tiempo en el estudio, trabajando. Era un tipo que nunca en su vida se fumó ni siquiera un porro, jamás tomó drogas, se tomaba unas cervecitas de repente. Cualquiera que escucha a Frank Zappa piensa que este tipo se tiene que haber metido unos ácidos tremendos para hacer esta locura y no, era pura creatividad y su filosofía de vida era bastante sana. Bueno, Jared tiene un acuerdo con Gail y hete aquí que como pasa muchas horas en el estudio de Zappa, descubrió hace poco un disco que el loco grabó con Van Morrison. Son siete canciones que nadie conoce, impresionante. Caí ahí, empecé a trabajar con Jared y estuve siete meses metido todos los días ahí, la experiencia fue maravillosa. Con La Ley nunca trabajé más de dos meses como mucho en un estudio grande. Tenías que llegar con las canciones hechas. En el caso de este disco, llegué con algunos temas terminados, pero grabamos más de 20 y elegimos 12. Hay un tema que se llama “Dejé de pensar”, que tiene el típico arpegio de todos los teclados, con un sonido muy blando. Se me ocurrió tocarlo con una Telecaster, muteando la nota. Después, esa nota mueteada la metíamos como si fuese el teclado…es un disco muy orgánico aunque de repente suene muy electro, fue bueno hacerlo de ese modo.

Se le ilumina la cara cuando recuerda esas cosas, se divirtió como un niño.
Sí, me divertí mucho, porque pude llevar la experimentación en mi estudio al del productor; aportarle cosas a él, él aportarme; fue realmente una buena dinámica de retroalimentación en el proceso de elaboración del disco.

SEPTIEMBRE ES EL MES

En el mundo de la música latinoamericana y sobre todo entre la prensa especializada de México suele recordarse el 11-S por la conferencia de prensa que daba el grupo La Ley en el Hotel Marriott de Polanco, cuando de pronto estalló el mundo y acontecieron los atentados a las Torres Gemelas.

Si se piensa que el 12 de septiembre es el día de cumpleaños de Beto Cuevas, concordaremos con que septiembre es el mes para este artista, quien en pleno otoño mexicano estará a tope con las promociones de Transformación, que sale en agosto.

“Cómo olvidarme de esa conferencia de prensa –recuerda Beto- La hicimos con esa sensación extraña. Nosotros anunciando un nuevo disco mientras el mundo cambiaba para siempre”.

¿Cómo han sido todos estos años?, por momentos tuve la sensación de que se había alejado un poco de la música, como que su compromiso con la música estaba un poco en segundo plano.
Cuando terminó La Ley sabía que quería hacer un disco solista, pero no me puse inmediatamente a elaborarlo. Dejaba atrás un periodo de 17 años y tenía algunas propuestas para hacer cine. De hecho en la gira de despedida de La Ley, hice una película. Quise descansar un poquito de la música, pero nunca pensé dejarla. Es correcta tu percepción de que me alejé, en ese momento demoré como dos años y medio en sacar mi primer disco solista, pero lo logré y fue un año especial, porque me separé; estuve todo el tiempo casado cuando estaba de gira, pero cuando llegué a la casa y me tenían que aguantar todo el tiempo, ahí comenzaron los problemas (risas). Es irónico pensar en eso: todo el tiempo que estuve afuera estaba todo bien y ahora que estoy en la casa se pudre todo… fue difícil para mí porque nunca pensé que me iba a separar y toda esa pena, esa angustia, esa melancolía la dejé en el disco. La música siempre me ha salvado. Nunca la dejaría. La música ha sido mi droga, mi alcohol. Nunca he caído en excesos químicos, porque soy capaz de transmutar emociones fuertes, buenas o malas en la música, entonces no las tengo que cargar conmigo, en el cuerpo. Con mi carrera en solitario me di cuenta, además, que tenía que empezar de cero y no con la mentalidad de que como venía de un grupo tan importante como. Que las carreras se construyen de abajo, de cero y no con la mentalidad de que como yo vine de un grupo tan importante como La Ley todo lo que hiciera después iba a ser genial.

¿Fue un golpe darse cuenta de eso?
Sí, un golpe, pero tampoco porque yo pensara simplemente que por ser fuera Beto Cuevas, ex cantante de La Ley, las cosas iban a ser instantáneas, sabía que había que trabajar; en el fondo, fue un buen proceso, que me hizo mejor ser humano, más humilde.

Fue un tiempo de pérdida, perdió la banda, perdió la familia…
Nunca sentí que perdí la banda, lo que quería era salirme de La Ley. No tenía más sentido seguir, no teníamos pasión, entusiasmo, ya ni siquiera nos dirigíamos la palabra. Cuando terminaban los conciertos, ni siquiera tomábamos una cerveza juntos, cada uno se iba a su habitación, nadie se soportaba. Para mí estaba claro que quería dejar eso atrás. Ahora, con este disco es como la vuelta de todo eso, es como un renacimiento. Mi momento actual es de una paz interna genial, con una armonía total en mi vida, por llevarme bien hasta con mi ex novia me llevo bien. No quiero sonar soberbio, porque no lo soy, pero tengo una fuerte sensación de que vienen cosas muy buenas.

Quería saber si conoce a Camila Vallejo, ¿qué opina del movimiento de los estudiantes, de su líder?
No la conozco personalmente, sé perfectamente quien es y hay una canción en mi disco que se llama “Amor y actitud”, que está inspirada en el movimiento estudiantil de Chile que para mí es magnífico, es maravilloso, siempre y cuando no se politice. Seamos inteligentes en esto, el sistema se defiende de diferentes maneras, es muy sigiloso y tiende a politizar este tipo de movimientos para eventualmente neutralizarlos y que no lleguen a nada. En la medida en que no se politice y que se mantenga como un movimiento civil pacífico, obtendrá sus objetivos. La educación es un derecho básico de cualquier ser humano y no tiene que ser exclusivo de los que tienen para pagarla. Hay personas con una gran capacidad sin dinero para estudiar en ciertos lugares, por lo que tienen que acceder a una educación de menor calidad y eso los marca para lo que van a ser mañana.

Siempre habla de Chile, no sé qué tanto Chile habla de usted, ¿cree que sus compatriotas lo sienten un igual, uno de los suyos?
Lo que los demás piensen de mí no es problema mío. Me siento muy querido y respetado, sería injusto que te dijera lo contrario. Entiendo que hay personas que a lo mejor se molestaron cuando nos vinimos con La Ley a vivir a México. Pero casi todos los artistas chilenos hicimos eso. Ahora lo están haciendo los chicos de Los Bunker. Entiendo que La Ley era un grupo tan popular en Chile en sus inicios que cuando nos fuimos, sobre todo los periodistas, nos criticaron mucho. Lo cierto es jamás me olvidé de Chile, es mi país y me encanta y creo que la gente de allá me tiene mucho cariño, algo que no voy a medir a través de la prensa. Lo que importa es que cuando voy a mi país y camino por la calle, el señor que lustra las botas, me dice, ¿cómo está, Betito?; en Chile un saludo diminutivo es una demostración de mucho cariño, de cercanía. Eso es lo que me importa, me siento muy querido y respetado en mi país.

¿Quiénes le interesan de la nueva camada de la música chilena?
Me gusta Francisca (Valenzuela), con ella he tenido la oportunidad de compartir escenario, la he invitado a cantar conmigo, es muy talentosa y tiene la influencia y la experiencia de haber vivido en Estados Unidos, que creo que le da de alguna manera una visión un poquito más global.

Creo que Gustavo Cerati fue mejor que Soda Stereo, su proyecto individual, en mi opinión, fue mejor que su proyecto grupal, ¿podría ser un espejo donde mirarse para su carrera?, ¿cuáles son sus ambiciones como solista, las contrapone a su historia con La Ley?
No, la verdad es que soy un poquito más práctico en ese sentido; yo fui parte de La Ley, de ese grupo, de esa creatividad. El éxito que tuvimos fue único y será irrepetible de esa manera, porque son otras épocas; no quiero competir con mi propia historia, sería algo ilógico querer competir con el pasado... Lógicamente que dejando eso de lado, quiero crecer como artista y hacer buenos discos, dejar una marca. Que la gente como tú, los historiadores, los biógrafos, decidan si realmente lo que hice como solista fue mejor que La Ley.

¿Ese crecimiento hacia dónde lo enfoca, qué es lo que le preocupa: cantar mejor, escribir mejor, tocar mejor la guitarra?
Lo que me preocupa es ser mejor ser humano, es lo que realmente vale. Que mi arte sea el reflejo de quien soy, de mis ideas, para finalmente poder morir algún día en paz. Si en algún momento decido mirar para atrás, hacerlo con una sonrisa y sin remordimiento, porque hasta las equivocaciones han sido fundamentales para generar un camino; tengo ambiciones, pero son diferentes a las típicas.

¿Por qué vive en Los Ángeles?
Porque me acostumbré, porque en Los Ángeles soy una persona común y corriente, porque tengo la capacidad de ser invisible y ese es un valor. Imagínate que hubiese dado Michael Jackson por tener un lugar en el mundo donde él pueda ir al supermercado y que nadie lo ande jodiendo, ojo tampoco te estoy diciendo que yo soy Michael Jackson.

¿Sintió mucho la presión de ser popular?
No tengo ningún problema con la comunicación con la gente, pero si en Chile voy al supermercado, la gente reacciona de manera muy diferente a si lo hago en Los Ángeles. Cuando veo que no puedo salir por la calle, tiendo a recluirme, me pongo ermitaño. Los Ángeles no es la mejor ciudad del mundo, en ese sentido prefiero a Santiago de Chile, a Buenos Aires, al Distrito Federal, pero Los Ángeles me da anonimato. Estoy pensando también en un futuro en Brasil…vamos a ver…

Mónica Maristain

Mónica Maristain

Es editora, periodista y escritora. Nació en Argentina y desde el 2000 reside en México. Ha escrito para distintos medios nacionales e internacionales, entre ellos la revista Playboy, de la que fue editora en jefe para Latinoamérica. Actualmente es editora de Cultura y Espectáculos en SinEmbargo.mx. Tiene 12 libros publicados.

Lo dice el reportero