Despierta el volcán

23/04/2016 - 12:03 am
Cuando despierte y truene y despierte a los demás, tal vez entenderemos que encontramos al fuego y que lo que debemos temer es que él nos encuentre a nosotros y nos arrase y que seamos Pompeya. Foto: Twitter @webcamsdemexico.
Cuando despierte y truene y despierte a los demás, tal vez entenderemos que encontramos al fuego y que lo que debemos temer es que él nos encuentre a nosotros y nos arrase y que seamos Pompeya. Foto: Twitter @webcamsdemexico.

Que estaba dormido allá, siempre lejos pero a la vista, cubierto por los grises que nos hemos creado para no ver, allá, al volcán, a las tormentas, al fuego que se ha controlado porque así lo ha querido. Nos construimos un mundo gris todo, gris de nata, gris de humo, de café con leche recalentado, de emociones desgastadas y pavimento agujereado, para circular serpenteándole a las selvas, huyéndole a los verdes que nos precedían, engrisando también el agua de todos los cuerpos que nos superan, que podrían ahogarnos, que podrían devastarlo todo en vez de, mansamente, quitarnos la sed, regarnos el maíz y limpiarnos las aceras.

Parece que se extinguen las bestias, que implosionan las plumas de colores y que ningún ave renace, como el fénix de las historias. Parece que lo hemos logrado: comernos a los que pastaban, cortarles las alas a los que volaban, desangrar a los de sangre fría. Parece que lo hemos logrado: somos lo único vivo, ¡viva! La soberbia se alegra pero perdemos los pétalos de colores y el lenguaje va cambiando porque una rosa ya no es una rosa y los ojos ya no son azules como ningún cielo: tu cabello es gris como el mar, mi amor, gris brillante el tono de tus lágrimas, como el de las nubes que gruñen sobre nuestras cabezas, qué bello gris de tu piel, de tu ceniza, de lo quedará de ti cuando, ¡viva! Nos comamos también unos a otros porque no quede nada más.

Despierta el volcán y no es él quien imita los fuegos artificiales: somos nosotros, pensando así que tenemos control, que inventamos el fuego en vez de descubrirlo, solamente. Quema a su paso enfurecido o tranquilamente, quizá, sabiendo que su noche era larga y que puede volver a dormir. Quema y aún lo seguimos viendo de lejos, como un paraje más que hemos enmarcado, como si fuera nuestro. No es la montaña proverbial a la que saldrán pies y vendrá al profeta si el profeta no va a ella. No hay nada que temer: es un perro amaestrado, nuestro, que se someterá a nuestros pies si le gritamos fuerte, si le recordamos quién manda.

Así, igual, la tierra. Tiembla porque se lo toleramos, nos decimos, y continuamos con nuestros trajes grises, y los niños, que ya nacen encanecidos y con mejillas cenizas: si se ennegrecen es que se han agitado de más. El lenguaje ha cambiado y nadie ya se sonroja: sólo empalidecemos. Antes nadaban nuestros continentes, rozándose apenas, saludándose con dedos ramosos, pero hoy que los mares han perdido lo cristalino, chocan, a ciegas. Un accidente, nada más, clamamos, que la tierra no se atreverá a traicionarnos. Ni la tierra, ni el fuego, ni las tormentas: los hicimos nuestros, los domesticamos y saben que, a pesar del maltrato, somos uno mismo. Nos necesitan también, ¿no?

Despierta el volcán, humea engrisando a su alrededor, no para combinar sino para amedrentar, pero no le hacemos caso. Ni al volcán ni a los océanos enfurecidos ni a los blancos osos que se aferran a sus trozos de hielo ni a la primera plaga ni a la décima, que seguramente acabará con nosotros porque somos nosotros y ¿quién mejor que los humanos para destruir a los humanos? Cuando despierte y truene y despierte a los demás, tal vez entenderemos que encontramos al fuego y que lo que debemos temer es que él nos encuentre a nosotros y nos arrase y que seamos Pompeya, eternizados en una acción perpetua que no era construir, amar o curar, sino huir, cobardes, de las criaturas a las que enfurecimos y que, al final, despertaron.

@LorenaAmkie

Lorena Amkie
Nació en la Ciudad de México en 1981. Su idilio con las palabras empezó muy temprano y la llevó a pasearse por la poesía, el ensayo y el cuento, para encontrar su hogar en la novela. Graduada de Comunicación por la Universidad Iberoamericana, ha publicado la trilogía gótica para jóvenes Gothic Doll (Grupo Planeta) y la novela El Club de los Perdedores. Imparte talleres de escritura creativa y colabora con distintos medios impresos y digitales. Su cercanía y profundo respeto hacia su público, así como su estilo franco y nada condescendiente, le han valido la atención de miles de jóvenes en México y Latinoamérica, situándola como una de las autoras de literatura juvenil más interesantes en el mundo de habla hispana actualmente.
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