
La artista visual habla desde Londres, donde levanta un altar de muertos, una instalación gigante en el “Great Court” (patio central) del British, con enormes calaveras que cuelgan del techo
Ciudad de México, 30 de octubre (SinEmbargo).- “Los artistas estamos impotentes ante la muerte”, dice la artista visual Betsabeé Romero, en diálogo con SinEmbargo desde Londres, donde hoy inaugura una instalación gigante conmemorando el Día de Muertos.
Se trata de un altar en el British, donde en el marco del Año Dual entre Reino Unido y México, Romero reflexiona sobre el sentido de la muerte para nuestra cultura, honrando la memoria y la lucha de los migrantes, en un territorio donde –dice- se han tomado medidas muy duras contra los que emigran en busca de un futuro mejor.

Antes de partir a Inglaterra, Betsabeé intervino el Museo Diego Rivera-Anahuacalli, para establecer un diálogo entre lo prehispánico y la modernidad, a través de instalaciones, en la muestra Ídolos frente a los altares.
Más de 60 piezas integran la exposición contemporánea, distribuida en el exterior e interior del recinto donde se juega con el espacio y se interviene la obra prehispánica, donde aparecen constantemente dos figuras recurrentes en su obra: la serpiente y la muerte.
En el montaje, dedicado al tema de la migración, se observan llantas, tapetes de aserrín, calaveras y tzompantlis, en diálogo con la pirámide creada por Diego Rivera y sus piezas prehispánicas.
“Hay un diálogo con Juan O’Gorman, un arquitecto de la modernidad en México y hasta con Frank Lloyd Wright, con el que tuvo correspondencia Diego Rivera al diseñar los planos de la pirámide”, dijo Romero, una de las artistas más importantes del arte mexicano contemporáneo, con más de 30 exposiciones individuales en su haber.
Ídolos frente a los altares reúne elementos tradicionales del altar de muertos y presenta una dedicatoria a la migración que, en opinión de la artista plástica, ha sido un tema importante del siglo XX y el actual, tanto en México, Europa y el mundo.

El título de la exposición proviene de un texto de Anita Bremen en el que trató la manera cómo los indígenas ayudaron a construir los templos durante la Colonia, con la complicidad de los religiosos que sabían que detrás de los santos se escondía un ídolo prehispánico, al que realmente adoraban.
Romero lleva a primer plano los ídolos prehispánicos, resignificando la visión tradicional del sincretismo.
En la Sala Tláloc, Dios de la lluvia, fue instalado en una de las esquinas un altar transitable, donde simbólicamente se descenderá al inframundo o lugar de los muertos.
“No sólo el público recorre el espacio, Quetzalcóatl, la serpiente emplumada también lo hace hasta llevarnos a la ofrenda tradicional dedicada a Diego Rivera; esta serpiente, como muchas de las prehispánicas, es a la vez vehículo y símbolo de transportación, movilidad, carga las flores, el agua; aunque aquí todo es de piedra, con la ofrenda quise aportar una de las características de este ritual que es el color”, dijo la artista.
Para la ofrenda tradicional dedicada a Diego Rivera, Betsabeé Romero diseñó las calaveras, velas y el papel picado, también proyectó la ruta de los tapetes de aserrín que recorren toda la primera planta, en alusión del camino que transitan los migrantes cuando van de un lugar a otro.
Betsabeé Romero explicó que las llantas, uno de los elementos característicos en su obra creativa, son símbolo de la circulación y la movilidad, además de un símbolo “emblemático en el tema que es la migración”.
“He retomado esta iconografía para hablar de cómo los migrantes dejan una huella que nos circunda, nos da vuelta y muestra como el migrante tiene un lugar en nuestra historia, memoria y en la cultura en México”, afirma.
“La cultura en México no se puede circunscribir en el territorio nacional, la cultura es de quien la ejerce, la práctica, en los migrantes que llevan y portan los valores estén aquí o fuera”, agrega.

EL VALOR DEL ARTE PREHISPÁNICO
“Tengo desde mis estudios de doctorado una gran admiración e investigo mucho sobre el arte prehispánico”, explica Romero. En ese sentido, es para ella un sueño haber podido establecer un diálogo presente con las piezas del Anahuacalli.
“Aunque todos le damos gran valor al arte prehispánico, actualmente no resulta una referencia estética para muchos artistas mexicanos, por otra parte, hay que hacer esfuerzos para sacar solemnidad y acercar al público a estas culturas que a veces vemos demasiado distantes y ajenas”, afirma.
–¿Dirías que el arte prehispánico está preso en la cárcel de la visión turística?
–No diría tanto, puesto que tengo la suerte de conocer a muchos historiadores que cuidan, preservan, estudian y analizan el arte prehispánico. Lo que creo es que los artistas jóvenes no tienen contacto real con el arte prehispánico, se trata a menudo de piedras que uno visita en vacaciones.

–¿Hay en el Anahuacalli también una ofrenda de muertos?
–Así es, se trata de una ofrenda que hace honor a la tradición del Fideicomiso Dolores Olmedo, porque ella y sus museos han sido grandes evocadores y transmisores de esa tradición. Desde hace más de 54 años, en los museos de Dolores Olmedo se levantan altares de muertos y es emocionante esa tradición. En mi caso, he decidido dedicar mi altar a los migrantes, que nos duelen a lo largo de todo el territorio mexicano. Hay que dignificar a los migrantes hasta en esta tradición más doméstica e íntima que son los altares.
–En este contexto de desapariciones forzadas, crímenes, torturas, ¿ha cambiado en ti el concepto de la muerte, con vistas a la máxima celebración mexicana sobre el tema?
–Sí, claro, definitivamente sí. El miedo, la inseguridad, el desconsuelo que nos da la impunidad con que se hacen las cosas, no puede sino afectarme profundamente. Mi razón en el trabajo es creer que significando las muertes a las que se les niega la memoria que merecen a través de una tradición como la del Día de Muertos, se puede recuperar un poco del tejido social que se ha perdido y que es lo que más me preocupa en este contexto de país que se nos va de las manos.
–Quizás nunca supo a tanta muerte el Día de Muertos
–Sí, el arte en esta situación es impotente, o al menos yo me siento incapaz de cambiar las cosas y mi aporte es tratar de darle un lugar de dignidad a la pérdida, alimentando los lazos culturales de ciertas tradiciones familiares, porque sólo podremos también recuperar a los chicos que han estado yéndose culturalmente hacia esos territorios donde sólo reinan la muerte y la violencia.
–¿También en el British hablas de los migrantes?
–Sí, porque me parece que el British, como casa de la cultura de todo el mundo, resulta un sitio ideal para propiciar el diálogo entre distintas culturas. Por otro lado, sabemos que en Europa y especialmente en Inglaterra han sido muy rígidas las posturas contra los migrantes que huyen de la guerra y de situaciones de extrema fragilidad y pobreza. El museo es en sí un argumento humano para dialogar, por eso repetí el tema, en una exposición donde también hablo con obras de grandes maestros artesanos mexicanos, presentes en mis altares.

–¿Viajaste con todo eso a Inglaterra?
–Así es. Mi trabajo es lento, siempre contra la velocidad, los procesos duran mucho y necesitan madurar desde las tradiciones más profundas. Los maestros artesanos me dan muchas lecciones y pongo sus nombres en las muestras internacionales. Vamos a hacer flotar muchos globos de cantoya con imágenes de códices aztecas y piezas prehispánicas de talavera, mucho color y esqueletos de hojalata que se mueven y brillan… Es la primera vez que en este sitio transformado por el arquitecto Norman Foster van a poner una instalación del piso al techo.
–¿Cómo te sientes ahí, en el centro del arte contemporáneo, el mero mole del mercado del arte?
–Bueno, me siento un poco fuera. No tengo ni galería en México. Finalmente, hay que decir las cosas como son, el mercado del arte es bastante sexista y esta cuestión de trabajar con las artesanías, con este reciclaje hasta de chicles, dificulta las cosas. No me puedo quejar, aun desde la periferia, aquí estoy. El mercado sucede y pasan cosas, pero no porque yo esté en el mainstream…





