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Darío Ramírez

14/03/2019 - 12:03 am

Las mañaneras de AMLO

Lo cierto es que existe una dispersión de temas en las conferencias mañaneras. Obrador asume un papel de todólogo para contestar desde temas nodales de la agenda como preguntas irrelevantes. Lo cierto es que la dispersión de la agenda es provocada por los mismos periodistas acreditados. Y ahí un gran tema a discutir: ¿Quiénes están yendo a las conferencias? ¿Se les está dando la palabra a todos los medios por igual?

“López Obrador no acapara la agenda informativa con su conferencia mañanera. Pero el imaginario colectivo piensa distinto. Los dichos presidenciales son sólo un elemento para la construcción de la nota informativa”. Foto: Pedro Anza, Cuartoscuro

Andrés Manuel López Obrador ha dado más de 67 conferencias de prensa desde que asumió el poder. Son miles de minutos los que el Presidente le ha dedicado a la conferencia mañanera. Acepta contestar entre 7 y 10 preguntas de los reporteros que se encuentran en primera fila. Los de atrás parecerían ser puro relleno.

Enrique Peña Nieto prefería dar pocas entrevistas bilaterales con periodistas afables a su presidencia. Jamás aceptó dar una conferencia de prensa abierta para la prensa nacional. De ahí venimos.

Hoy, después de decenas de conferencias mañaneras se puede hacer un balance de la utilidad y el simbolismo de éstas. El atril presidencial se prende cada día a las 7:00 horas. Se vuelve un referente obligado para los programas noticiosos de la mañana. Desde el Salón Tesorería las conferencias tienen elementos de mítines políticos o de tribuna desde donde agita a sus simpatizantes y fustiga ferozmente a sus adversarios, a quienes recurrentemente les llama conservadores o fifís. De acuerdo con mediciones del discurso, las descalificaciones como conservadores o fifís los ha mencionado 82 veces, mientras que neoliberal más de 130.

De acuerdo al análisis del discurso de Spin, el poder mediático de la mañanera no es tal como es comúnmente pensar. “Sólo 51 de 413 noticias publicadas en las portadas de los siete diarios más importantes del país desde el 4 de diciembre habían recogido temas impulsados desde las ‘mañaneras’, que en ocasiones son los únicos eventos públicos realizados por el presidente en la jornada”.

Lo cierto es que existe una dispersión de temas en las conferencias mañaneras. Obrador asume un papel de todólogo para contestar desde temas nodales de la agenda como preguntas irrelevantes. Lo cierto es que la dispersión de la agenda es provocada por los mismos periodistas acreditados. Y ahí un gran tema a discutir: ¿Quiénes están yendo a las conferencias? ¿Se les está dando la palabra a todos los medios por igual?

La conferencia mañanera está invadida por medios patito. Blogs irrelevantes o páginas de Facebook que no tienen ninguna injerencia noticiosa. El 40 por ciento de las preguntas que se le hacen al Presidente son hechas por medios digitales irrelevantes, quienes han sido sumados a la conferencia bajo el pretexto de “democratizar” a los medios. Pero nada más lejano que eso, muchos periodistas que trabajan para dudosas plataformas han tomado un papel relevante. Por ejemplo, la desconocida revista ¡Es cuanto!, que tiene 11 seguidores en Twitter y 86 en Facebook y el blog “Oro Sólido”, cuya representante ha hecho 13 preguntas a López Obrador para una web cuya información son teletipos de la bancada de Morena y que parece ser llevada por una sola persona, señala El País.

Aunque grupos mediáticos consolidados se han quejado de la presencia y protagonismo de estos grupos, lo cierto es que hay un desconcierto para aprovechar la oportunidad de interpelar al Presidente. Entonces la realidad es que el Presidente está más cerca de los medios, pero tiene esbirros mediáticos que le tienden un campo de fuerza para suavizar los cuestionamientos. Sería imposible abogar por un “derecho de admisión” que imposibilite asistir las nuevas plataformas. Sin embargo, si en verdad Jesús Ramírez quiere democratizar, se debe de asegurar que “Oro Sólido” pregunte, pero también los medios más consolidados. Sólo así la conferencia puede cumplir seriamente su cometido en ámbitos periodísticos.

Regresar a los tiempos peñistas donde el Presidente se escondía de la prensa no es deseable. Los medios serios deben de generar la presión necesaria y hacerse sentir en la conferencia mañanera para que ésta deje de ser un espacio cooptado por la voz presidencial y medios patito. Pero la descoordinación de los medios es conocida por López Obrador y se aprovecha de ella.

Vale la pena detenernos para asegurar que muchas cosas en México han cambiado. Algunos cambios positivos y otros negativos. Una de las cosas que ha cambiado es la relación desde la presidencia con los medios de comunicación. Se advierte una disminución en publicidad oficial que le afectará a los medios de comunicación, así como dichos presidenciales que pueden confrontarlo con la prensa. Pero el contexto mediático ha cambiado.

López Obrador no acapara la agenda informativa con su conferencia mañanera. Pero el imaginario colectivo piensa distinto. Los dichos presidenciales son sólo un elemento para la construcción de la nota informativa. Lo que diga el Presidente no necesariamente es verdad. El trabajo periodístico viene después de los dichos para corroborar, verificar, contrarrestar y contextualizar la información.

Parecería que el tsunami mediático que ha generado AMLO todavía tiene noqueado a la mayoría de la prensa. Aparentemente los grandes medios aún no entienden (o no quieren entender) cómo transformarse para ser relevantes en esta nueva era.

Tip: Hacer periodismo. De ese que abone a la democracia.

Darío Ramírez
Estudió Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana y Maestría en Derecho Internacional Público Internacional por la Universidad de Ámsterdam; es autor de numerosos artículos en materia de libertad de expresión, acceso a la información, medios de comunicación y derechos humanos. Ha publicado en El Universal, Emeequis y Gatopardo, entre otros lugares. Es profesor de periodismo. Trabajó en la Oficina del Alto Comisionado para Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR), en El Salvador, Honduras, Cuba, Belice, República Democrática del Congo y Angola dónde realizó trabajo humanitario, y fue el director de la organización Artículo 19.

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