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Jorge Alberto Gudiño Hernández

07/04/2024 - 12:01 am

Diario de pandemia

A lo largo de ese medio millar de entradas que abarcan tres años, el hilo conductor, además de la pandemia, debe ser la preocupación por el oficio, por la escritura y por lo que significa. Y es ahí donde inicia el diálogo.

“Con este diario de la pandemia, Santiago Gamboa me ha mostrado no sólo que es posible lo que yo consideraba absurdo (…)”. Foto: Daniel Augusto, Cuartoscuro

Lo comenté varias veces durante la pandemia, en pláticas a distancia con amigos y en algunos foros virtuales: me parecía poco probable que hubiera alguna novela sobre la pandemia pronto. Además, basado en mi experiencia personal, tampoco veía como una buena idea escribir cómo vivíamos la pandemia dentro de la casa donde nos confinamos. Frente a todo el dolor de quienes tuvieron muertos cercanos, de quienes sufrieron la enfermedad hasta el límite de sus fuerzas o de quienes ya no tuvieron medios para subsistir, mis vivencias serían acaso una cursilería vuelta relato. Para colmo, durante esos años también accedimos a relatos (buenos y malos) con los que me di cuenta de que mi experiencia pandémica poco podría aportar a esa gran historia de la enfermedad. Así que no, más allá de unos cuantos textos críticos o en los que pretendía entender asuntos de vacunación y otros menesteres, poco conté sobre la pandemia. Estaba convencido lo suficiente de mi postura como para autocesurarme.

Como siempre, la vida ofrece continuas oportunidades para mostrar que uno se equivoca. Llegó a mis manos “Ciudad presidio. Cosas para hacer en la tarde, antes del fin del mundo”, de Santiago Gamboa. Comencé a leerlo sin saber de qué iba, que es como más me gusta iniciar los libros. A Gamboa lo descubrí hace algunos años y ahora lo leo con mucho entusiasmo. Disfruto sus novelas, su prosa envolvente y derivativa, que sirve como un Virgilio para llevarnos a pasear. Así que iniciar su lectura era un acto natural.

Pronto descubrí que el nuevo libro era una suerte de diario de la pandemia. Comienza con su confinamiento en Colombia, con su mujer y su hijo. Dura casi tres años, con entradas regulares y fechadas. Hay meses en que escribe más y otros menos, como es de suponer. Y, al menos al principio, tuvo un confinamiento similar al mío: en su casa, con su familia, sin más salidas que las indispensables. En otras palabras, un confinamiento aburrido en términos narrativos. Poco que contar, pues, sobre su vida.

Sólo que los diarios no se limitan a hacer un recuento de las acciones, sino que, también, lo hacen de las ideas, de la imaginería, de lo que pasa por la cabeza de su autor. Y por la cabeza de Santiago Gamboa pasan muchas cosas. Decir que es un autor culto y viajado es decir poco, pues eso daría para una guía de viajes o referencias imposibles de activar. Por este diario pasan memorias, recuerdos, reflexiones de corte político, otras más espirituales, unas más ontológicas y otras tantas de diversa factura. Interesan sus pláticas, esas llamadas telefónicas a amigos por todo el mundo, sus charlas virtuales sobre temas literarios que transcribe en su diario, sus lecturas. Confieso que he corrido a buscar algunos libros que él menciona porque sus análisis se vuelven la mejor de las recomendaciones.

Es ahí donde me detengo, cuando Santiago Gamboa habla del oficio literario, del propio y del ajeno. A lo largo de ese medio millar de entradas que abarcan tres años, el hilo conductor, además de la pandemia, debe ser la preocupación por el oficio, por la escritura y por lo que significa. Y es ahí donde inicia el diálogo. Ya no me interesan tanto las coincidencias entre su confinamiento y el mío ni las preocupaciones que tuvimos ante la posibilidad de contagio de nuestros seres queridos, me interesa, y mucho, la forma en la que vemos la escritura.

Aunque parezca un sinsentido, no me molesta equivocarme. Al contrario, abre posibilidades que yo creía clausuradas. Con este diario de la pandemia, Santiago Gamboa me ha mostrado no sólo que es posible lo que yo consideraba absurdo, sino que lo ha hecho de una manera magistral.

Jorge Alberto Gudiño Hernández
Jorge Alberto Gudiño Hernández es escritor. Recientemente ha publicado la serie policiaca del excomandante Zuzunaga: “Tus dos muertos”, “Siete son tus razones” y “La velocidad de tu sombra”. Estas novelas se suman a “Los trenes nunca van hacia el este”, “Con amor, tu hija”, “Instrucciones para mudar un pueblo” y “Justo después del miedo”.

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