Sandra Lorenzano
Me gustaría detenerme un momento en esas cartas que retoman la entrañable costumbre de la correspondencia entre mujeres que se admiran y se respetan.
“Los poetas han sabido desde siempre que, en última instancia, no somos sino polvo de estrellas, y Jacobo Sefamí es un poeta en busca de su propio rastro estelar”.
Lo que queremos es que no haya “una sola historia”: que haya príncipes que se casen con príncipes, que las tías puedan ser felices con sus novias.
Cruzar el umbral de casa puede ser, entonces, una manera de salirnos de quicio.
Está claro que una cosa es querer encerrarse en casa sabiendo que en cualquier momento podemos salir, y otra es la obligación de estar encerrada.
Yo no concibo mi vida sin el exilio que he vivido. El exilio ha sido como mi patria.
¿Y si aprendiéramos a amarlos, si dejáramos atrás ese miedo que nos marca desde niñas, ese contenernos y reprimirnos, esa preocupación por gustar, esa vergüenza ante nuestro desborde adolescente, ante la sangre que nos recuerda cada mes quiénes somos?
“Como siempre en los trabajos de Gabriela Wiener, el cuerpo es el lugar en que estas tensiones se cruzan. ¿Reproducimos en la intimidad, con nuestras elecciones de pareja, con nuestra sexualidad, al criar a nuestras hijas, las heridas ancestrales?”.
“Todo lo que vemos nos sacude y conmueve: allí están Ana, Paula y María, las tres protagonistas, que conoceremos primero como niñas y luego en su entrada a la adolescencia; están las madres que viven aterradas ante la amenaza del narco de llevarse a sus hijas; pero están también la sororidad, los lazos amorosos que tejen las mujeres de todas las edades para proteger y protegerse, las alianzas, las lealtades”.
“Volviendo a sus ‘Episodios’, podríamos decir que Almudena no sólo tiene una mirada desde el presente hacia el pasado, con la conciencia de quien sabe que la memoria transforma el hoy, y en muchos casos lo determina, sino que tiene esa mirada oblicua de la que hablan las feministas y que le permite poder observar al mismo tiempo el caleidoscopio de cosas con que la rodea la realidad”.
En un taxi perdí la palabra “purgatorio”, les decía. ¿Qué hay entre el Infierno y el Paraíso? Pero recuperé el limbo de mi exilio.
Rosselli publicó más de una docena de poemarios y participó activamente en la vida literaria y cultural de su tiempo; sin embargo, vivía en un permanente estado de desasosiego.
¿Quién no quisiera que la vida la llevara nuevamente a los diecisiete (aunque, por favor, sin el miedo que, por lo menos yo, sentía a esa edad)?
“Para estos jóvenes traductores, acercarse a la historia de los desaparecidos argentinos fue también un camino para pensar en sus propios desaparecidos, en aquellos de cuya tragedia escuchaban hablar diariamente aunque ignoraran sus nombres y sus rostros”.
Esta semana se cumplió un aniversario más de “nuestro” 11 de septiembre, el de 1973, el que ensangrentó a Chile y al mundo, el que ha quedado para siempre en nuestra memoria con las palabras de Salvador Allende pronunciadas mientras la Moneda era cobardemente bombardeada por el Ejército.
“La pregunta clave, aquella que orienta las propuestas del Taller en Ecatepec, es cómo convertir este silencio, este miedo, o incluso esta furia, en espacios de esperanza”.