Jorge Alberto Gudiño Hernández
“(…) me sorprenden actitudes de gente que conozco o que es pública. Como la Jefa de Gobierno subiéndose al Metro sin cubrebocas. Claro, ella se contagió días después. La pregunta relevante es otra: ¿a cuántos contagió ella por ese trozo de propaganda?”.
“Si en estas dos normalidades enfrentadas tan grandes se puede aceptar la postura del otro, es complicado ver cómo no se aceptan en normalidades más pequeñas”.
“Me queda claro que esos anuncios sirven para inyectar dinero a las televisoras, a la liga, a los equipos y, en consecuencia, a los jugadores. Lo extraño es que pasaba menos en la final de la Champions, de la que todos sabemos que hay mucho más dinero en juego”.
“(…) no es absurdo considerar que la escuela de mis hijos o la universidad donde trabajo son lugares más seguros que mi propia casa dadas las medidas de seguridad con que cuentan”.
Cuando, a inicios de semestre, les doy a mis alumnos la lista de lecturas, un murmullo se levanta en el salón. Un murmullo que se traduce en una queja: ¿a qué hora van a leer todo eso?
“Sabemos que, con suerte, Abdala no sólo no ocasionará daño alguno sino que, quizá, servirá para generar inmunidad. Pese a ello, deben ser valientes quienes, bajo esas premisas, decidan aplicarle algo así a sus hijos. Yo no lo soy tanto”.
“Son domingueras las palabras porque uno tiene la intención de ser más elegante, supongo. Y eso genera un nuevo problema, el de la parametrización de lo dominguero”.
“Una pandemia no puede terminar por decreto. Es cierto que nadie lo ha dicho con esa elección precisa de palabras. Pero, de pronto, parece que sí. Nuestro Gobierno federal está dando señales claras de la finalización de esta pandemia. Señales que van acompañadas de palabras. Palabras que pretenden crear una realidad como gran parte de la narrativa presidencial”.
“¿Qué tantas de las discusiones absurdas y sin argumentos de las que tenemos a diario dependen de este contraste entre normalidades y la consecuente convicción de que nosotros estamos en lo correcto y los otros no? Discutir, en realidad, implica aceptar otros puntos de vista como válidos”.
“La simple idea de pensarse en un mundo seguro, y más ahora que el pequeño está con ellos, podría diluir todos los inconvenientes. ¿Que es duro? Sin duda (…)”.
Como la belleza es subjetiva en muy buen grado, resulta interesante, entonces, suponer cierto ejercicio plástico.
“Eso sí, he seguido sin llegar tarde a clases o a recoger a mis hijos a la escuela (algo que, al parecer, no ocasiona mayores problemas a otros niños ni a otros padres que, además, hacen rendir mejor su tiempo). La idea persiste: no me gusta que otros me esperen”.
“Quizá todos nosotros hemos escuchado de personas relativamente cercanas historias de robos, violencia, delitos de cuello blanco o finales trágicos. Pocas veces, salvo cuando el asunto es muy mediático, escuchamos, en cambio, el epílogo que sería el encarcelamiento o la condena de los culpables”.
“Lesiona el comunicador que miente, el padre que compara, el profesor que insulta, el gobernante que hace todo junto, sistemáticamente, persiguiendo un fin que, cada día, se le escapa más de las manos. A fuerza de abusos, las palabras recuperan su peso y lastran”.
“Todos mis alumnos de este semestre son alumnos nuevos (al menos para mí). Es decir, sólo los conocía a través del velo sanitario. Y sus caras enteras no corresponden con lo que mi mente había imaginado. Cada que un alumno se quita el barbijo mi desconcierto se dispara. En verdad: no coinciden las imágenes”.
“Entiendo las motivaciones de mis alumnos cuando me presentan un pretexto en lugar de un trabajo. Y, para ir más lejos, también entiendo el drama que se desarrolla en la colonia de al lado porque el marido encontró a su mujer entrepernada con otros dos sujetos y ahora todo se ha vuelto un caos”.